jueves, 17 de junio de 2010

Sex and the city 2

¿En qué piensan las mujeres?
Pues no es tan difícil, chicos. En 100% de las veces pensamos en lo que nos preocupa. Sí, siempre nos preocupa algo. Siempre hay algo que ronda nuestras mentes. Y le damos vueltas y vueltas y más vueltas, incluso llegamos a soñar con ese algo mientras dormimos.
¿Por qué? Porque es inevitable.
¿Para qué? Para nada, es inútil, porque la mayor parte de las veces eso no sirve para solucionar el problema. Pero es como lo de los obreros y la minifalda: no podemos remediarlo.

Pero eso sí, lectores míos, nuestras preocupaciones no son: cremitas, ropa, zapatos, revistas, peinados y maquillaje. Esas son nuestras distracciones. Aquellas pequeñas cosas que nos sacan durante un microsegundo al día de nuestra vida real y nuestra ajetreada conciencia.

¿Y esas chicas de ahí arriba? Para los que nunca habéis visto la serie son simplemente cuatro maniquíes frivolones con un tipazo y las manos llenas de bolsas de Gucci, Cartier y Dior.
Pero no es así. En la serie, pese al transfondo sexual que su título le aporta, se tratan muchos y muy diversos temas no femeninos, sino humanos.
¿Y la peli? La primera peli era como un gran capítulo llevado al cine, centrado exclusivamente en la boda de la prota, Carrie.
La segunda peli no, con esa no dejo que os metáis, y menos sin haberla visto.
Who do you think you are? Que dirían mis Spice.

Pero como está visto que no la vais a ver, que ya la habéis juzgado y criticado, pues os la jodo y así os la devuelvo.

¿De qué trata?
¿De si una falda Gucci combina con los zapatos Manolo Blanik y la blusita de Dior?

NO

Para mí es como una especie de metáfora con purpurina sobre las edades del hombre, en este caso, de la mujer.

No me refiero a "las cucarachas nacen, crecen, se reproducen y mueren" -me encanta Cucal-
sino más bien a...


Carrie, el matrimonio.
Ya no vemos una gran boda, un gran vestido y el novio perfecto. Ahora vemos a una Carrie distinta, que debe convivir con un marido que le regala una tele por su aniversario para poder ver pelis en vez de hacerle el amor; un marido que ya nunca quiere salir con ella; un marido que pone los zapatos en el sofá y que lleva a casa comida basura en bolsas de papel; un marido que le pide dos días libres a la semana para vivir fuera y hacer su vida. Un marido que le merecerá la pena, pese a encontrar la mayor de las tentaciones al alcance de su mano: un exnovio.


Miranda, el trabajo.
Miranda ya ha pasado por una infidelidad y un intento de divorcio, por lo que el matrimonio le aparece como una asignatura aprobada y con nota. Pero, ¿y su trabajo?
Debe enfrentarse a un jefe machista y abusador, a uno de esos hombres poderosos que temen otorgar responsabilidades de peso a las mujeres con las que trabajan por temor a que un día se despierten con la regla y no acudan al trabajo. Un jefe que le levanta la mano a modo de seña para que se calle. Un jefe al que no duda en plantar y buscar un trabajo que le haga feliz. Al fin y al cabo, el trabajo llena el 50% de tus horas vitales y la vida sólo es una. Mejor estar a gusto, ¿no?
Pese a los pesares, nunca pierde la sonrisa y las ganas de organizar planes divertidos para sus amigas, es única.


Charlotte, la maternidad.
¿Y la siempre perfecta Charlotte? Nuestra ingenua y siempre pulcra Charlotte tiene algunas dificultades en su Disneylandia particular: los celos aparecen cuando descubre a una sueltecita niñera, a la que le dobla la edad y que no usa sujetador. Le ha costado muchos capítulos encontrar a su judío, calvito y sexy marido, casarse, adoptar a la pequeña Lily y descubrir que no era esteril con el nacimiento de Rose. Pero ¿y ahora qué? Recuerdo bien cuando era pequeña y jugaba a las Barbies con mis primas: mi Barbie tenía una supercasa -la casa maletín- un montón de vestidos y un trabajo muy guay -yo tenía la Barbie doctora-. De repente Ken aparecía en su vida y lo cambiaba todo -en esa cama no cabían dos personas, por Dios...y sólo había un sofá-
Nos encantaba vestirla de novia y que tuviesen hijos. Cuando llegaba ese momento, dejábamos de jugar, como nos habían enseñado las pelis Disney. Aquí es distinto. Charlotte debe enfrentarse a un bebé que no deja de llorar en ningún momento de la peli, una hijita de cinco años que se muere de celos a su hermana. Un marido que no se entera jamás de lo que ella siente, etc. Es decir, a su familia.


Samantha, la menopausia.
Que no, que Samantha no aparece follando en cada escena. Que no, que no se liga a cuantos jovencitos se le cruzan por el camino. Y apenas, apenas enseña nada.
En esta ocasión se da de bruces contra el espejo cuando intenta aparentar, a base de fármacos y moda, la edad que ya nunca tendrá. Hanna Montana y ella, la alfombra roja, el mismo vestido...¡menudo impacto!

Pero no sólo se narran las peripecias de estas cuatro alocadas neoyorquinas. La peli comienza con la celebración de una boda gay -tema secundario, pero de rabiosa actualidad-, sigue con un viaje a أبوظبي -Abu Dabhi - y un amplio abanico de costumbres islámicas que ya no guardan secretos para mí -el uso del hiyab, el recato en público, su visión sobre el sexo, el falso lujo y glamour de Oriente Próximo, el burka, la inferioridad de las mujeres-

¿El tema principal? Una vez más, la amistad. La amistad por encima de todo. Una para todas y todas para una. Aunque sean arrestadas por besarse en público en un país islámico; aunque aún estando a 10.000 kms de sus casas sigan preocupadas por todo aquello que no pueden controlar, pese a las tentaciones y complicaciones. Amistad envidiable.

Pero sin duda lo mejor de la peli fue verla con mi Rosita del alma -que se merece ser Carrie, por su glamour y su sinceridad aplastante-, con mi madre -que, salvando las distancias, será una gran Samantha, por la que no pasa el tiempo y siempre lucha por aquello que quiere conseguir, aunque la mayor parte de las veces no sea para ella, sino para los demás-, con mi tia -Charlotte, en este caso, y no sólo por tener dos niñas, sino porque debe alejarse 10.000 kms o más de su propia vida para encontrarse a sí misma-. Pues sí, me queda Miranda. Con ella comparto el afán organizativo-creativo. De ella he aprendido a que decir adiós a un trabajo siempre tiene su parte positiva. Dentro de un par de semanas podré ponerlo en prática.



Las malas críticas en vuestro blog. Gracias.

5 comentarios:

  1. Vale, me he precipitado en mis juicios sobre esta película. Pero nunca me he negado a verla (bueno, al principio, sí;P).

    Pues me alegro de que no sea un alarde de frivolidad consumista y de que tenga su trasfondo social de alegato por la amistad y por la liberación de la mujer.

    Estoy deseando ver esta película para tener algo más que compartir contigo en mi vida.

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  3. Es lo que tienen los juicios a priori. Como siempre digo: "es un gustazo que te juzguen, saquen una idea negativa sobre tí y después haya sorpresa: ¡ pero si es un encanto! ME ENCANTAAAAAAAAAAAAA

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